La sentencia del Proceso que juzga el brote de insurrección catalana juega un papel fundamental en el cálculo electoral del PSOE. El que se produzca en plena campaña electoral no es mera coincidencia. Manejando esta eventualidad es obvio que al actual inquilino de Moncloa no le interesaba compartir el Consejo de Ministros con extraños y menos si son del tipo de los incontrolables. Por ahí encajan las piezas de la calculada idempotencia socialista. Para aclarar el significado del término copio la definición que hace Wikipedia: “En matemáticas y lógica, la idempotencia es la propiedad para realizar una acción determinada varias veces y aún así conseguir el mismo resultado que se obtendría si se realizara una sola vez”. Otra manera menos pedante de decirlo es recurrir a la conocida expresión marear la perdiz. Puesto el nombre tal cual hizo Don Quijote como primera providencia se puede uno lanzar a la aventura de elucubrar.
El otro frente de la estrategia socialdemócrata limita al centro en el que parecía haber encontrado cobijo seguro Ciudadanos antes de la foto de Colón y de los acuerdos en Andalucía y Madrid. Escorado hacia la cloaca por el peso de Vox y la corrupción del PP, Ribera se lanzó a última hora del aparato usando como paracaídas la inaudita propuesta de los tres puntos que va a quedar como las tres cruces clavadas en el monte del olvido.
Tras el esmerado ejercicio de idempotencia llevado a cabo durante el largo y cálido verano en el que unas veces mareaban a la perdiz y otras al personal en general, los socialistas enfrentan la campaña en funciones (y casi en pelotas) con lo que creen que eluden responsabilidades directas y quedan con las manos libres para maniobrar según convenga ante la tramontana que aparecerá por el noroeste en plena fiesta democrática. Sin necesidad de ser adivino se puede especular con lo que se nos viene encima. Llegado el caso, el Gobierno en funciones descargará su responsabilidad en el Parlamento en funciones que actuará en función de las elecciones que están a la vuelta de la esquina. El 155 se aplicará si hay motivos y consenso y dejará de aplicarse si las aguas no llegan al río. Así que, si Errejón le quita votos a Iglesias, para lo que contará con ayuda gubernamental, y Ribera se los quita él solo con sus aspavientos, Pedro Sánchez creerá ser el príncipe encantado sin necesidad de mover una ceja. Todo esto contando con la complicidad del electorado que, sin darle vela en este entierro, será el único al que llamen a asumir responsabilidad constitucional. Le tocará, como siempre, representar su papel con el miedo metido en el cuerpo al ser el candidato cautivo, condenado de antemano a perder en este juego. Lo que no deben olvidar los gurús de turno es que, por una vez, será el encargado de ponerle letra al responso.
CIRANO

No hay comentarios:
Publicar un comentario